
En 2014, cuando nació Remo, su primer nieto, Víctor Dayan tuvo una idea sencilla y entrañable: guardar una barrica de la cosecha de ese año para que algún día pudieran compartirla. La tradición continuó con cada nuevo nacimiento y hoy reúne nueve cosechas, pensadas como un legado familiar que todavía espera su momento.






























































