


El regreso del picnic: la primavera invita a volver a comer al aire libre
Redacción Central
Hay pocas escenas tan sencillas y, al mismo tiempo, tan asociadas a la primavera: una manta extendida sobre el césped, una canasta o un bolso cargado de comida, vasos, servilletas y ese pequeño desafío de conseguir que nada se vuelque antes de llegar.
El picnic vuelve con los primeros días templados, pero aquel ritual que durante años estuvo asociado al sánguche preparado a las apuradas, las galletitas y la gaseosa familiar hoy admite otras posibilidades. La gastronomía también salió al parque.
Panes artesanales, focaccias, quesos, hummus y otros dips, vegetales asados, frutas frescas, tartas, budines y cookies empiezan a formar parte de una versión más contemporánea del picnic. No hace falta convertir el césped en la mesa de un restaurante: la gracia sigue estando, justamente, en la sencillez.
Comer rico sin cubiertos
La primera regla podría ser que no haya demasiadas reglas. Pero, si existe un criterio para pensar un buen picnic, es elegir comidas fáciles de transportar, servir y compartir.
Las focaccias son grandes aliadas. Se pueden cortar previamente y rellenar con quesos, vegetales grillados, hojas verdes o fiambres. Lo mismo ocurre con los panes de masa madre, las tortillas, las tartas y los sándwiches preparados con buenos ingredientes.
Los dips también encontraron su lugar sobre la manta: hummus, babaganush, quesos untables condimentados o pastas de vegetales funcionan bien acompañados por grisines, crackers, pan tostado o bastones de verduras.
Una tabla pequeña de quesos puede completar la parte salada. No hace falta desplegar una producción enorme: dos variedades, un buen pan, frutos secos y alguna fruta fresca pueden alcanzar para armar algo especial.

La primavera dentro de la canasta
La estación también permite recuperar el color. Frutillas y otras frutas frescas pueden reemplazar postres más pesados y sumar algo dulce sin demasiada preparación.
También es temporada de volver a las preparaciones más frescas y livianas después de los platos contundentes del invierno. Vegetales, hojas verdes y productos de estación empiezan a ganar espacio y permiten pensar una comida al aire libre con ingredientes simples.
Para el final, aparecen los clásicos que resisten cualquier moda gastronómica: budines, brownies, cookies, alfajores o una porción de torta fácil de transportar. Porque el picnic podrá sofisticarse todo lo que quiera, pero algo dulce sigue siendo prácticamente obligatorio.
¿Y para tomar?
Limonadas, aguas saborizadas con frutas y hierbas, jugos naturales o bebidas frías son opciones ideales para los días cálidos. Y para quienes no negocian el café, un termo puede resolver el asunto.
La clave está en llevar las bebidas bien refrigeradas y suficiente agua, especialmente si la salida se extiende durante varias horas.
El encanto de comer sobre el pasto
Quizás parte del regreso del picnic tenga que ver con algo que va más allá de la comida. Es una manera económica y sencilla de encontrarse, ocupar los espacios verdes y cambiar por unas horas la mesa de todos los días.
No hace falta reservar, vestirse para la ocasión ni mirar el reloj esperando que llegue la cuenta. Se puede comer con las manos, compartir lo que cada uno llevó, quedarse conversando después del último bocado y estirar la sobremesa mientras haya sol.
Y en tiempos en los que casi todo parece necesitar una producción extraordinaria para ser fotografiado, el picnic conserva algo deliciosamente imperfecto: el pan puede llenarse de migas, una servilleta puede salir volando y seguramente alguien olvidará el sacacorchos.
El picnic también cambió
Las redes sociales contribuyeron a recuperar y transformar esta costumbre. Canastas de mimbre, mantas a cuadros, flores, vajilla y tablas cuidadosamente preparadas convirtieron al picnic en una escena especialmente fotogénica. Pero detrás de la estética permanece la misma idea de siempre: salir, encontrarse y compartir comida al aire libre.
La primavera apenas necesita una excusa para llevarnos afuera. Alcanza con un buen pan, algo para untar, fruta, una porción de torta y una manta; después, hace su trabajo el sol.






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