


Día Mundial del Sándwich: cinco clásicos argentinos y las claves para prepararlos
Redacción Central
Hay sándwiches que se encargan por docena y otros que se comen de pie, al lado de una parrilla. Algunos acompañan un cumpleaños; otros resuelven el almuerzo o justifican una parada en el camino. Este 3 de noviembre, el Día Mundial del Sándwich invita a volver sobre una fórmula sencilla que en la Argentina tiene muchas versiones propias.
La celebración se vincula con John Montagu, cuarto conde de Sandwich, un aristócrata británico del siglo XVIII cuyo título dio nombre a la preparación. La anécdota más difundida cuenta que pedía carne entre dos rebanadas de pan para seguir jugando a las cartas sin interrumpir la partida. Es una historia popular, aunque no hay pruebas concluyentes de que ese episodio haya sido el nacimiento del sándwich: comer alimentos dentro de un pan tiene antecedentes mucho más antiguos.
Lejos de aquella mesa inglesa, las panaderías, los bares y las parrillas argentinas hicieron su propio repertorio. Estos cinco clásicos son una buena excusa para celebrar la fecha.
Cinco maneras de comer entre panes
De miga: Simples o triples, de jamón y queso o con combinaciones que suman huevo, tomate, aceitunas o verduras. Su atractivo está en el pan fino y tierno y en un relleno bien distribuido. Para prepararlos en casa, conviene untar las caras internas de manera pareja, escurrir los ingredientes húmedos y mantenerlos tapados y refrigerados hasta servir, para que la miga no se reseque.

De milanesa: Tiene una identidad especialmente fuerte en Tucumán, donde se arma con varias capas de milanesa fina, lechuga, tomate y aderezos en pan sanguchero. El contraste entre la carne crocante y los vegetales frescos es parte de su gracia. Una clave casera: escurrir la milanesa sobre una rejilla y armar el sándwich cerca del momento de comer, para conservar mejor la textura.
De lomito: Asociado a la cocina cordobesa, combina carne a la plancha con ingredientes como jamón, queso, lechuga y huevo. El desafío está en que el bocado resulte equilibrado y se pueda comer sin que todo se desarme. Un pan flexible, una carne tierna y los agregados repartidos de punta a punta ayudan más que una torre de relleno.
Choripán: Chorizo, pan y la posibilidad de sumar chimichurri o salsa criolla. La versión parrillera necesita pocos ingredientes, pero cada uno cuenta: el chorizo bien cocido y jugoso, el pan apenas calentado y una cantidad de salsa que acompañe sin empaparlo. Abrirlo al medio, a la mariposa, permite repartir mejor la carne sobre el pan.

De bondiola: Puede llevar la carne en fetas o desmenuzada, con cebollas, morrones o algún encurtido. Si se elige una cocción larga para desmecharla, conviene conservar parte de sus jugos para que el relleno no quede seco. Un toque ácido aporta contraste frente a la grasa de la carne.
El pan también es parte de la receta
Elegir el pan según el relleno es un buen punto de partida. Una miga delicada funciona con capas finas; una pieza más resistente acompaña carnes y salsas. En cualquier caso, la corteza debería poder morderse sin expulsar el contenido por los costados.
También importa la proporción. Secar las hojas, escurrir el tomate y dosificar los aderezos evita que el pan se humedezca de más. Tostarlo suavemente puede sumar textura, pero no hace falta llevarlo a una dureza que complique cada bocado.
El mejor resultado no depende de cuántos ingredientes entren, sino de cómo se combinan. Que haya pan, relleno y aderezo en cada bocado: ahí empieza un buen sándwich.






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