Se rompió el sacacorchos: alternativas para abrir una botella

Noticias 07 de octubre de 2020 Por Redacción Central
Ups, sonó. Te quedaste con las ganas. Caés en la más profunda frustración y te olvidás de esa copa que estabas a punto de servirte, o leés esta nota para comprobar que todo puede fallar, y resolverse.

Fatiga de materiales. Esa podría ser una perfecta descripción de este 2020 que parece arremeter contra todo. En todo caso, así se conoce el efecto por el cual muchas cosas fallan, se rompen o se desgastan. El caso que más nos importa es la rotura de sacacorchos, que nos deja con la expectativa de una buena copa y echando alcohol en gel sobre nuestra herida.

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Que no panda el cúnico, diría el Chapulín tinto, que la rotura de sacacorchos tiene remedio. Pero vamos por partes (nunca mejor dicho).

Perro que muerde
Cuando se rompe el gusano, el problema es que el tramo que queda fuera del corcho no permite sujetarlo con firmeza y hacer fuerza. Ahí es cuando Arquímides vuelve a aparecer, ahora en su rol de sabio griego: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, dijo, y un simple tenedor puede servir para hacer palanca, siempre y cuando lo que queda del gusano se enganche entre sus dientes.

Pero si pasara que no queda pestillo posible para engancharlo, una pinza de presión, comúnmente conocida como mordida de perro (no es pico loro), es un buen aliado. Es verdad: la caja de herramientas junto a las copas, sobre el mantel, baja la libido un poco, pero todo sea por abrir la botella. 

Si estos dos elementos fallaran, quedan aún soluciones recomendables.

 El truco del encendedor
Reconoce dos variantes. La soft y la heavy. La primera consiste en calentar el pico de la botella suavemente a la altura del corcho. El calor afloja las resinas que recubren al corcho y, en general, se puede sacar el tapón atorado sin hacer mucha fuerza.

La heavy, en cambio, es sólo recomendable en casos extremos. Consiste en calentar con la llama la burbuja de aire que media entre el tapón y el vino. Al expandirse, ese aire empujará el corcho hacia fuera. La contra es que el proceso lleva tiempo y el vino se cocina un poco.

Si todo falla
Aún queda el viejo y querido empuje del corcho hacia adentro. En este caso es fundamental recordar a otros sabios, la dupla involuntaria de Boyle–Mariotte (que como todo el mundo sabe, son un dúo porque llegaron a la misma conclusión uno en Inglaterra y el otro en Francia): como lo describieron los físicos en sus leyes de la presión, al introducir el corcho aumenta la presión de la botella, de forma que si el empuje es lo suficientemente importante se creará un pistón que sacará en un efecto a reacción un buen chorro de vino hacia fuera. Damos fe que un simple empujón puede generar un géiser de tinto (o blanco, el color es lo de menos aunque el tinto mancha) que llega a decorar el cielo raso. Sometido a la gravedad, luego el tinto se precipitará en una lluvia de gotículas (un término 2020) y otras tantas gotas. Pero para eso se inventaron los paraguas.

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