De la cancha a la mesa: Lautaro Martínez apuesta fuerte a la gastronomía en Mendoza

El delantero de la Selección argentina y Agustina Gandolfo expanden su universo gourmet con la llegada de Coraje a tierras mendocinas, un proyecto que combina cocina, vino y paisaje en clave de experiencia.
26 de marzo de 2026Redacción CentralRedacción Central
Lautaro Martínez

Hay proyectos que nacen del talento y otros del deseo. En el caso de Lautaro Martínez y Agustina Gandolfo, ambas fuerzas confluyen en una apuesta que trasciende lo deportivo para abrazar el mundo de la gastronomía con ambición y sensibilidad.

Después de consolidar su propuesta en Milán con Coraje, un restaurante que supo ganarse su lugar en la escena italiana con una identidad cuidada y una experiencia pensada al detalle, la pareja redobla la apuesta y mira hacia la Argentina. El destino elegido no es casual: Mendoza, tierra donde el vino y la cocina dialogan con el paisaje.

La llegada de Coraje marca un nuevo capítulo en este recorrido. El espacio funcionará en Las Compuertas, en Luján de Cuyo, dentro de la bodega Cittanina, un proyecto familiar que refleja el costado más íntimo de la pareja. Allí, entre viñedos y con la cordillera como telón de fondo, la propuesta buscará conjugar gastronomía de alto nivel con una experiencia sensorial completa.

Coraje Mendoza

El concepto no se limita al plato. Hay una narrativa que une territorios: de Milán a Mendoza, la cocina como lenguaje universal, el vino como puente y la hospitalidad como sello. Así lo dejó entrever Gandolfo al anunciar la apertura, poniendo el foco en esa idea de encuentro que atraviesa culturas y geografías.

Cittanina, por su parte, no es sólo una locación sino el corazón del proyecto. Concebida como un espacio donde confluyen familia, tradición y visión a futuro, la bodega apuesta a vinos nacidos de viñedos antiguos, reforzando esa búsqueda de autenticidad que también se traslada a la propuesta gastronómica.

En tiempos donde la cocina se convierte cada vez más en experiencia, Coraje Mendoza promete inscribirse en esa corriente que entiende el comer como un acto integral: paisaje, producto, técnica y emoción.

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