Alta pastelería con espíritu parrillero: croissants rellenos de mollejas y chinchulines

En Vicente López, Rodolfo Llanos reescribe el destino del croissant y lo convierte en lienzo salado de alta gama: cocina francesa clásica, vísceras nobles argentinas y una experiencia boutique que apuesta al segmento premium incluso en tiempos de consumo retraído.

12 de febrero de 2026Redacción CentralRedacción Central
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En una esquina discreta de Vicente López, a metros del pulso urbano, Aznavour Croissanterie propone una escena improbable: el hojaldre francés, dorado y crujiente, abrazando mollejas crocantes, chinchulines dorados o un profundo boeuf bourguignon. No es provocación gratuita; es una declaración culinaria.

Rodolfo Llanos —abogado, emprendedor y cocinero por convicción— abrió el 29 de octubre de 2024 este local de apenas 25 metros cuadrados con una idea clara: desplazar al croissant del territorio exclusivo del café y lo dulce, y llevarlo al terreno de la alta cocina salada.

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“El croissant es un compañero de lujo del café, pero en Argentina quedó opacado por la medialuna”, sostiene Llanos. La diferencia, explica, no es menor: masa 100% hojaldre, sin azúcar, de mayor tamaño y estructura firme. Sobre esa arquitectura técnica construyó una carta que combina repertorio francés y alma criolla.

Así conviven clásicos como coq au vin, ratatouille o boeuf bourguignon con combinaciones que miran a la parrilla y al bodegón: mollejas con jamón crudo y rúcula; chinchulines crocantes; milanesa tucumana; chorizo artesanal; incluso pulpo y langostinos. Cada pieza responde a una lógica de equilibrio: proteína protagónica, contrapunto dulce, hierbas frescas, encurtidos y cremosidad medida.

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Uno de los croissants más celebrados combina dulce de membrillo, pastrón, pepinillos, peras asadas, roquefort y mostaza Dijon en grano. Otro ensambla mollejas con morrones asados y palta. El resultado es intenso pero armónico, donde el hojaldre no compite sino que sostiene.

El ticket promedio ronda los $16.000 por unidad. El tamaño permite compartir, aunque muchos prefieren no hacerlo. La propuesta se posiciona en el segmento premium, con insumos como burrata, brie, salmón, cordero y jamón crudo seleccionado.

Emprender en tiempos complejos

La inversión inicial fue cercana a los US$ 15.000, entre capital propio y equipamiento financiado. Con un equipo reducido, Llanos produce y supervisa cada detalle. El local vende alrededor de 1.500 croissants salados por mes y acumula una valoración destacada en plataformas digitales.

El contexto no es sencillo: la caída del consumo gastronómico y la volatilidad en carnes y fiambres obligan a una gestión minuciosa. “El que quiere sobrevivir tiene que estar encima de las compras”, reconoce. Aun así, proyecta abrir un segundo local en la Ciudad de Buenos Aires en los próximos meses.

Aznavour no busca escandalizar: busca sofisticar. Allí donde la pastelería francesa encuentra la potencia visceral de la cocina argentina, el resultado no es fusión caprichosa, sino diálogo. Y en ese cruce, el croissant deja de ser acompañamiento para convertirse en plato principal.

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