La comida y sus mitos

Noticias 13 de octubre de 2022 Por M.E.G
No son pocos los alimentos que tienen tras ellos una historia un tanto fantasiosa acerca de su origen y resulta muy curioso que las leyendas gastronómicas que más persisten son también las más fáciles de desmontar.
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Revisando la bibliografía existente sobre las comidas más populares del planeta vamos a encontrar como nos cambia la concepción con la que hemos crecido.

Cuando algo te gusta mucho, es normal que quieras saberlo todo sobre ese algo. La comida no es una excepción y, cuando un plato es tan popular que casi podría considerarse como uno de los platos nacionales de un país, conocer los orígenes del mismo es algo que resulta interesante, aunque solo sea como curiosidad.

Una de las leyendas gastronómicas más famosas es la de cómo la pasta llegó a ser el plato nacional de Italia. El mito dice que la pasta fue traída de China por el explorador veneciano Marco Polo.

Se sabe que los chinos ya consumían fideos hace 3000 años y la historia de Marco Polo resulta muy creíble puesto que el mundo occidental adoptó muchas innovaciones de China durante la Edad Media.

Pero en el caso de la pasta los chinos no tienen nada que ver. Para demostrarlo, se puede probar que la pasta ya existía en Italia antes de 1295, año en que Marco Polo regresó al país tras 20 años de expedición por el Este. Existe un documento legal fechado en 1279 que enumera las posesiones de un soldado genovés llamado Ponzio Bastone y en ellas se encontraba un cesto de macarrones. Todo parece indicar que, casi 20 años antes del regreso de Marco Polo, los soldados de infantería portaban pasta seca en sus raciones alimenticias de forma rutinaria.

La historia de Marco Polo parece ser una invención relativamente reciente. En 1929, en un artículo publicado en el Macaroni Journal, por aquel entonces la revista oficial de la Asociación Nacional de la Pasta en EEUU describía cómo un marinero de la tripulación de Marco Polo tomo tierra en China y conoció a una hermosa joven que estaba haciendo finas hebras de fideos. El marinero la persuadió para que le permitiese probarlos y le dejase llevar unos cuantos para mostrárselos a su jefe.

El nombre de este marinero, por si no lo adivinaste aún, era Spaghetti. ¿Por qué se dio credibilidad al cuento? Por un lado pudo haber sido por la fiabilidad de la fuente, pues tratándose de la Asociación Nacional de la Pasta era de suponer que conocerían bien el origen del producto al que se dedicaban, por otro lado está también la calidad de la propia fábula en la que el encuentro entre el marinero y la joven parece una adaptación del cuento de Simbad.

La pizza

En Italia, la pizza era tradicionalmente un plato de pobres. En el siglo XIX, en Nápoles, la pizza con frecuencia no era más que un pan plano con un poco de sal y aceite. El tomate era un lujo ocasional y el queso no apareció en la pizza hasta 1889, cuando un cocinero napolitano creó una pizza con los colores de la bandera italiana (el rojo con los tomates, el blanco con la mozzarella y el verde con la albahaca) y la bautizó como Margarita en homenaje a la reina.

Este fue el plato que los emigrantes italianos llevaron a EEUU a principios del siglo XX. La primera pizzería abrió sus puertas en Nueva York en 1905, pero no tuvo ninguna aceptación fuera de la comunidad italiana.

La pizza empezó a interesar a los americanos después de la II Guerra Mundial y a finales de los años 40 tuvo lugar un auténtico pizza boom. 

Sin embargo, en Italia a principios del siglo XX, antes de la emigración masiva de italianos a EEUU, la pizza seguía siendo algo casi exclusivo de Nápoles y era prácticamente desconocida en las ciudades del norte del país como Florencia o Milán.

A día de hoy, aunque la pizza se come y es famosa en toda Italia, la verdadera pizza se considera todavía un plato de Nápoles.

M.E.G

 

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