


BUENOS AIRES | Escapadas con sabor: cinco bodegones rurales para comer bien y sentirse en casa
Redacción Central
En la provincia de Buenos Aires, lejos del ruido urbano, sobreviven cocinas que honran las recetas heredadas y el espíritu de hospitalidad de otros tiempos. Son espacios donde el menú se comenta en voz alta, el aperitivo abre el apetito y la sobremesa se alarga mientras llegan las historias del lugar. Muchos de ellos funcionan en antiguas pulperías, almacenes o bares familiares que se resisten a perder su esencia.
Algunos son pequeños y se llenan rápido, por lo que conviene reservar con anticipación. Entre fiambres, empanadas fritas, guisos, carnes a la parrilla y pescados de río, cada uno tiene su sello propio, pero todos comparten la calidez de la atención y el compromiso con la cocina casera.
Cinco paradas obligadas para un festín rural:
El Bodegón de Alejandro (Mercedes)
A 100 km del Obelisco, es famoso por su milanesa a la napolitana que desborda el plato. Las paredes cuentan historias con fotos de clientes y artistas, y el flan mixto es un clásico infaltable.
Lo de Cata (San Antonio de Areco)
En el corazón de uno de los pueblos más criollos, ofrece empanadas fritas y carnes al horno de barro, siempre atendido por sus dueños y con una carta breve pero sabrosa.
El Viejo Almacén (Ramallo)
Con vista al Paraná, es ideal para disfrutar pescados de río como el surubí y la boga a la parrilla. Su ambientación rústica y muebles antiguos refuerzan la sensación de viaje en el tiempo.
Don Juan (Chascomús)
Guisos, pucheros y pastas caseras se sirven en esta esquina tradicional, a poco más de una hora de CABA. El vermut y las picadas con fiambres regionales son un buen plan para tardes tranquilas.
La Pulpería del Negro (San Miguel del Monte)
Esta antigua pulpería conserva su impronta gaucha y es conocida por su asado con cuero, cazuela de mondongo y pan casero. La atención cercana completa la experiencia.
Más que simples lugares para comer, estos bodegones son postales vivas del interior bonaerense. Una excusa perfecta para salir a la ruta, descubrir pueblos y reencontrarse con el placer de comer sin mirar el reloj.




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