Perdón Mafalda

Noticias 27 de agosto de 2021 Por Redacción Central
A riesgo de aburrir con la comida de olla y a pocos días de que llegue la primavera voy a reivindicar un entrante  -como dicen los españoles- o primi piatti en italiano.
sopa

Se trata de la sopa, me imagino que ni bien leyeron el titulo con la alusión a Mafalda han caído de que iba este artículo. Si señores alguien que se anima a reivindicar el famoso castigo de niño cuando tomar la sopa era casi como una tortura materna.

Pobre sopa tiene que aguantar o arrastrar una mala fama injusta y contraria a todos los beneficios que nos provee. No perdamos más el tiempo y dejando de lado la protesta revolucionaria del adorable personaje de Quino adentrémonos en ese mundo de la humilde cuchara. 

Para cocinar una buena sopa es necesario arrancar por lo básico el caldo, antes que nada hay que definir qué es lo que queremos lograr y a partir de ahí organizarnos con las compras, ojo que también puede ocurrir que salga una sopa como una comida de aprovechamiento, por ejemplo cuando hacemos puchero y con los caldos de la carne y de la verdura hacemos una sopa de arroz o de fideos. Ni hablar del salpicón o de la minestra que puede surgir si nos ponemos en modo abuela y sacamos provecho de todo lo que nos deja nuestro puchero.

Antecedentes 

Según la Real Academia de la Lengua, el término sopa, de origen germánico y latinizado como “suppa”, significa consumir algo líquido. Originalmente el término sopa parece que designaba propiamente al pedazo de pan en cuestión que se empapa en cualquier líquido, pero posteriormente pasó a designar también al mismo plato compuesto por rebanadas de pan u otros almidones cocidos en un caldo. Es decir, que el término sopa, ya desde la Edad Media, se refiere o bien a los trozos de pan que se remojan en ella o al propio caldo o líquido que lo componen.

 En cambio la palabra caldo, del latín “caldus” que significa «caliente», es el líquido resultante de cocer algunos alimentos. Está compuesto por agua que cuece con ingredientes en su interior, disolviendo y concentrando los sabores, aromas y nutrientes de lo que se cocina. Y cuando le añadimos textura, consistencia y aderezos se convierte en una sopa.

Una sopa fácilmente puede convertirse en un caldo medicinal. Podemos emplearlas en todas las estaciones y a nuestro gusto: más espesas, más ligeras, más frías, más calientes, con cocciones más largas o más cortas…. pero si ponemos conciencia en el hecho de que los ingredientes que utilicemos sean naturales, frescos, estacionales, cortados de forma regular, con una cocción óptima la sopa nos regalará de forma generosa un nutrimento inigualable.

¿Minestrone o sopa de cebolla?

¡Qué momento! Elegir entre dos clásicos de la cocina europea, el famoso minestrone de la cocina italiana o la sopa de cebolla que tiene su gran escuela en la cocina francesa, con el glam que ello implica.

Presentar una sopa de cebolla en una cazuela con un huevo en el fondo y una tostada con queso gratinado por encima posiblemente sea uno de los momentos de quiebre de cualquier comensal que se precie de ser gourmet.

En cambio la minestra italiana aparece como la cenicienta de las sopas, hecha por lo general de los restos de otras comidas pero con un caldo 

Me gusta la sopa de cebolla, la de puchero con arroz o fideos cabellos de ángel y tomo la sopa como si fuera un bálsamo para recuperar energía y también como una comida detox cuando solo la cocino verduras.

Me acordé cuando la negra Mercedes Sosa le cuenta a Rodolfo Braceli que durante su doloroso exilio ella solo añoraba la sopa de su madre y la cocinaba siguiendo su receta porque la consideraba “curativa” para su nostalgia.

No tiro ninguna receta porque sé que hay cientos de ellas en la red pero sí me permito sugerir que hay una que es insuperable: aquella que nos impregna la casa con los olores de nuestra abuela o de nuestra madre, la memoria emocional a la que nos lleva. Esa sopa no tiene comparación, prueben de hacerla.

M.E.G.  

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