


Bodega Malma y su compromiso como empresa familiar.

Tras una “separación de caminos” con la Corporación América que preside Eduardo Eurnekian, con quienes lograron catapultar los renombrados vinos de Bodega del Fin del Mundo a nivel internacional, hoy se plantean un presente y futuro mucho más ligado con el disfrute y con las relaciones humanas cercanas, que no les era posible desarrollar como parte de una gran corporación.
Y este último año se les dió la oportunidad buscada: Una vez cumplido el ciclo societario con Eurnekian, Bodegas del Fin del Mundo y Bodega Malma se separaron en dos emprendimientos autónomos.
“(Con Corporación América) se fueron marcando cada vez más las diferencias de estilo, y de conducción. Nosotros queríamos ser más una empresa de tipo familiar, así que nuestra idea fue volver a serlo, con el objetivo de ser sustentables para vivir y disfrutar del negocio del vino”, sostuvo al respecto Julio Viola Jr.
Con 127 hectáreas de los viñedos originales plantados a 60 km de Neuquén Capital (que en su momento se vendió a la familia Focaccia), el presente los encuentra con la refundación de Bodega Malma, una bodega en manos de una familia fundadora, que los Viola quieren aprovechar para lograr marcar un diferencial con sus competidores.
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