


Aramburu: donde la alta cocina argentina sedujo a Bad Bunny
Redacción Central
La llegada de Bad Bunny a la Argentina con su gira Debí Tirar Más Fotos World Tour agitó multitudes en el Estadio Club Atlético River Plate. Pero antes del vértigo de los reflectores, el artista eligió un ritual más silencioso: una cena reservada en el templo mayor de la alta cocina local.
Acompañado por Gabriela Berlingeri, se lo vio en Aramburu, en el elegante Pasaje Suizo de Recoleta. No es un restaurante más: es el primero del país en alcanzar dos estrellas Michelin y, para muchos, la expresión más refinada de la cocina de autor argentina.
La experiencia comienza casi como un secreto compartido. Apenas 22 comensales por servicio. Primero, una serie de bocados en la planta baja; luego, el ascenso al salón principal, donde la cocina abierta convierte cada movimiento del equipo en una coreografía precisa. Nada queda librado al azar.

El menú degustación —estacional, mutante, siempre inquieto— despliega 18 pasos que dialogan entre producto argentino, técnica contemporánea e influencias europeas y asiáticas. Uno de los platos que más sedujo al músico fue el brioche laminado con tartar de wagyu argentino, vinagre de yuzu, wasabi y caviar: una combinación de sutileza y potencia que decidió repetir. Cuando algo emociona, se vuelve bis.
El precio de la experiencia
La exclusividad tiene su cifra. A comienzos de 2026, el menú degustación ronda los $300.000 por persona. El maridaje premium —con etiquetas nacionales e internacionales de alta gama— suma cerca de $190.000 adicionales. La cava, con más de 120 vinos, recorre la Patagonia, celebra a Mendoza y se permite guiños franceses con grandes champagnes.
El servicio es tan protagonista como los platos: explicación minuciosa, tiempos exactos, atención personalizada. Aquí no se viene sólo a comer; se viene a vivir una narrativa gastronómica.
El chef detrás del mito
El artífice es Gonzalo Aramburu, chef de formación internacional y obsesión perfeccionista. Su restaurante no solo figura en rankings globales, sino que se consolidó como faro regional de la cocina de autor. La Guía Michelin destacó el virtuosismo técnico, la pureza de los ingredientes y la impronta personal que atraviesa cada creación.

Conseguir mesa exige previsión: las reservas suelen agotarse con semanas —a veces meses— de anticipación.
La noche del cantante no pasó inadvertida. Al salir, saludó a los fans que aguardaban en la vereda y, por unas horas, el discreto Pasaje Suizo se convirtió en el epicentro más codiciado de la ciudad.






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