


Vinos que tocan el cielo: El Esteco invita a vivir el enoturismo de altura en los Valles Calchaquíes
Redacción Central
Hay lugares donde el vino no sólo se bebe: se contempla, se respira y se escucha. En Cafayate, donde el sol es intenso y la altura imprime carácter, Bodega El Esteco renueva su programa de enoturismo con experiencias pensadas para quienes buscan algo más que una degustación.
Bajo el concepto “Entre Añadas”, la bodega propone un recorrido íntimo y profundo que invita a descubrir cómo el tiempo transforma el vino. En grupos reducidos y con reserva previa, los visitantes acceden a espacios emblemáticos —como la histórica torre, a la que se llega por escaleras— para participar de degustaciones verticales de partidas limitadas. Cada viernes a las 11, la experiencia se convierte en una conversación entre cosechas.
En la copa pueden encontrarse etiquetas como Fincas Notables Malbec, Partidas Limitadas Chardonnay, Old Vines Criolla o El Esteco Blanc de Noir, permitiendo apreciar matices, evolución y carácter en distintas añadas, siempre sujetas a disponibilidad. Es un ejercicio de memoria sensorial: el vino como relato del clima, del suelo y de las decisiones enológicas.
Altura, terroir y aventura
La propuesta se amplía con experiencias como la Degustación Vertical de Altura, que pone en valor viñedos implantados entre los 1.700 y 2.000 metros, y la Selección Terroir, enfocada en vinos que expresan la identidad extrema de Cafayate.
Para quienes buscan integrar paisaje y movimiento, la bodega ofrece Rutas de Altura, una experiencia mensual que combina cabalgata entre viñedos, degustación guiada y picada de quesos regionales. Se realiza el primer miércoles de cada mes y cuenta con cupos limitados, reforzando su impronta exclusiva.
La vivencia puede extenderse con una estadía en el hotel de campo Patios de Cafayate, ubicado en el casco original de la finca fundada en 1892. Allí, la cocina regional de la chef cafayateña Virginia Marín dialoga con los vinos de la casa en un entorno donde el silencio del valle y el verde de las hileras de vid completan la escena.
En los Valles Calchaquíes, el vino crece más cerca del cielo. Y en esa altura, donde el sol madura lento y la noche refresca, cada copa cuenta una historia que merece ser vivida con tiempo.




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