


Sommeliers: los profesionales que redefinieron la experiencia del vino
Redacción Central
Hubo un tiempo en que la palabra “sommelier” sonaba lejana, casi extranjera. En los restaurantes argentinos de los años noventa apenas comenzaba a escucharse y más de uno la confundía con “sommier”. Pero mientras el vino argentino empezaba a transformarse y a mirar con más atención los terroirs, las cepas y las formas de consumo, apareció también una nueva figura capaz de traducir ese universo al lenguaje cotidiano.
Cada 3 de junio se celebra el Día Internacional del Sommelier, una fecha que recuerda la creación de la Association de la Sommellerie Internationale (ASI), fundada en Francia en 1969. En Argentina, la profesión terminó de consolidarse a comienzos de los 2000, en paralelo con el crecimiento de la gastronomía y la proyección internacional de los vinos locales.
Lejos de la imagen solemne que alguna vez rodeó al oficio, el sommelier actual trabaja como comunicador, asesor, docente y narrador de experiencias. Ya no se mueve únicamente entre copas de cristal y restaurantes de lujo: también aparece en bodegas, ferias, medios especializados, tiendas de vinos y redes sociales.
Entre los nombres argentinos más reconocidos a nivel internacional aparece Paz Levinson, considerada una de las grandes referentes de la sommellerie contemporánea. Fue elegida Mejor Sommelier de Argentina y alcanzó el cuarto puesto en el Mundial de Sommeliers realizado en Mendoza en 2016. Actualmente desarrolla gran parte de su carrera en Francia y trabaja vinculada a restaurantes de alta gastronomía y proyectos de formación. Además, es coautora del libro Crónicas del vino argentino, junto a Gabriel Dvoskin.

Otro de los nombres centrales es Andrés Rosberg, uno de los pioneros de la actividad en el país y el primer latinoamericano en presidir la ASI. Durante años estuvo ligado al Fierro Hotel de Buenos Aires y también a distintos proyectos vitivinícolas en Mendoza. Su trabajo fue clave para posicionar a la sommellerie argentina en el mapa internacional.
La escena local también tiene figuras como Martín Bruno, premiado como Mejor Sommelier de Argentina y distinguido en competencias continentales. Actualmente se desempeña como sommelier ejecutivo en restaurantes de primera línea.

En los últimos años, además, el perfil cambió. Muchos sommeliers comenzaron a especializarse en café, té, yerba mate, destilados o aceites de oliva. Otros eligieron la docencia o la comunicación digital. La copa sigue estando, claro, pero el trabajo ahora también pasa por saber contar historias.
Quizás por eso la profesión encontró un lugar más cercano y menos intimidante. El sommelier ya no aparece como alguien que corrige o impone reglas, sino como quien ayuda a descubrir sabores, maridajes y pequeños rituales cotidianos.




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