


Luigi Bosca y el Cabernet Sauvignon: tradición, estilo y una mirada global
Redacción Central
Nacido en Burdeos, el Cabernet Sauvignon –cruce natural entre Cabernet Franc y Sauvignon Blanc– recorrió el mundo hasta convertirse en sinónimo de elegancia, estructura y longevidad. En Mendoza encontró un lugar privilegiado para expresar su carácter: la altura, el sol y la influencia de la cordillera le otorgaron un sello único, que marcó profundamente la identidad de la vitivinicultura argentina.
Ese camino no fue casual. Hace más de medio siglo, la familia Arizu supo anticipar el potencial de esta cepa en el país, convirtiéndose en pionera de su cultivo. Desde entonces, Luigi Bosca hizo del Cabernet parte de su ADN, construyendo un estilo propio: fiel al origen, pero abierto a la innovación y al diálogo con los mejores exponentes del mundo.
En su día, la bodega celebra al Cabernet con dos etiquetas que reflejan esa búsqueda constante: LEON y De Sangre Cabernet Sauvignon.
“El Cabernet Sauvignon siempre ocupó un lugar central en nuestra historia. LEON representa nuestro homenaje más profundo a nuestro origen, mientras que De Sangre expresa el espíritu de compartir con los que más queremos”, señaló Alberto Arizu (h), cuarta generación de la familia.
LEON, un homenaje a los orígenes
Concebido como tributo a Leoncio Arizu, primera generación de la familia, LEON nace de viñedos de altura: Vistalba (1.020 msnm, Luján de Cuyo) y Gualtallary (1.200 msnm, Valle de Uco). Elaborado con 91% Cabernet Sauvignon y 9% Cabernet Franc, este vino combina la tradición bordelesa con la expresión mendocina. Criado durante 12 meses en fudres y barricas de roble francés de 500 litros, revela un carácter complejo, elegante y profundamente ligado al terroir.
De Sangre, el vino para compartir
Inspirado en la costumbre de la familia Arizu de marcar las barricas más especiales para compartirlas en intimidad, De Sangre Cabernet Sauvignon se elabora con uvas de parcelas seleccionadas de Las Compuertas y Agrelo (Luján de Cuyo), Gualtallary y Altamira (Valle de Uco). Se presenta con un rojo rubí profundo, aromas de fruta negra fresca –moras y ciruelas– y delicadas notas especiadas. En boca es tenso, estructurado, con taninos de grano fino y un final armónico y persistente.
De este modo, Luigi Bosca reafirma su compromiso con el Cabernet Sauvignon: un legado de más de seis décadas que combina historia, innovación y la pasión de una familia que hace más de 120 años eligió crecer junto al vino argentino.




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