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Un rincón del oeste neuquino donde la comida sin crueldad, la cerveza artesanal y las expresiones amorosas se combinan en una experiencia que va más allá del plato. Árbol es cocina, abrigo, comunidad y pausa compartida.
04 de julio de 2025
Daniela Posolda
En la ciudad de Neuquén, alejado del ritmo del centro, late un lugar que no sólo sirve comida: cultiva encuentros. Árbol nació como una idea suelta, escrita en papelitos y soñada en voz alta por Paz Savanco, allá por 2010, “desde la ensoñación juvenil”. En ese entonces era una cervecería artesanal hecha a pulmón, “a prueba y error, viendo cómo y cuándo”. Años después, ese sueño fermentado sigue creciendo, con raíces profundas: una propuesta vegetariana y vegana, un espacio que aloja, que escucha y que, como su nombre lo sugiere, da oxígeno y frutos.
Lo que comenzó entre ollas caseras, choperas viajeras, jardines de verano y noches de pizza, mutó con el tiempo en algo más: “Una cervecería con alma, un refugio, un espacio propio”, define Paz al lugar.
El punto de quiebre llegó cuando la decisión fue volcar todo al interior. “Ese fue el momento en que entendimos que lo que habíamos construido no era sólo un bar. Árbol tenía alma. Había una energía propia que merecía cuidado y presencia”, recuerda. Y esa intuición floreció. “Cuando miramos para atrás, no vemos sólo un negocio: vemos una comunidad, una manada, un bosque que fue creciendo con nosotras”, cuenta Paz con emoción.

Una carta sin crueldad, con sabor y convicción
Hace más de una década, Árbol asumió un compromiso que marcó su identidad: ofrecer sólo platos vegetarianos y veganos. “La decisión de hacer un menú así surgió desde un valor muy profundo: la no violencia, el deseo de comer mejor y ser mejor, de cuidar el cuerpo, el entorno”, comparte la propietaria y cocinera del espacio.
Al principio fue una sorpresa para muchos comensales nuevos, pero para quienes ya formaban parte, fue un paso natural. “Lo interesante es que, con el tiempo, se convirtió en nuestro sello, en una elección que nos diferencia y nos representa”, afirma.
Según Paz, “no es sólo una propuesta gastronómica; es un concepto, una oportunidad de cambio”. Y se nota: el menú está lleno de ingredientes que conmueven. “Nos gustan las texturas, los sabores, lo agridulce, lo umami, las fermentaciones largas, la masa madre, los ingredientes de estación. Todo está pensado con amor, creatividad y un poco de juego”, describe, con el brillo de quien ama lo que crea.
Entre los clásicos, el strudel —entrañable y persistente—, las pizzas, los tostados y las novedades como un sándwich de tofu marinado en pan de papa que, dice ella, “está más que bien: ese con unas papas clásicas y una birra NEI, sería mi mejor plan para esta noche”.
Para quienes prefieren brindar sin apuro, hay una carta de cocktails, mocktails y vermuts que acompañan el ritmo sereno del lugar.

Comunidad, empatía y ternura
Árbol no es sólo un espacio para ir a comer. Es un entorno donde la empatía se practica. “Cuando la gente entra a Árbol, creo que se siente cuidada, observada con cariño, recibida por un lugar lleno de pequeños gestos que simplemente te hacen bien”, reflexiona Paz, con la calidez que la caracteriza.
Desde hace casi una década, funciona el Percherito Solidario: “Es, literalmente, un perchero en la vereda donde cualquiera puede dejar o retirar lo que necesite. En general es ropa, pero se mueve de todo: vajilla, útiles, comida, cosas del hogar”, explica. Lo que se recibe se ordena y se va reponiendo “para que el acceso sea más equitativo, cómodo y digno”.
Después de la pandemia nació el Lugarcito del Bien, un espacio gratuito para emprendedores locales. “Les damos una mesa, una silla y electricidad, y con eso montan su puestito mientras transcurre la noche en Árbol. Es una forma simple pero poderosa de acompañar otras economías, otros sueños”, comenta Paz.
“Trabajamos para quienes vienen y también para nosotras. Hacemos de Árbol nuestro ejercicio cotidiano, nuestra forma de habitar el mundo”, expresa con entrega. En Árbol se respira comunidad.

Ese lugar donde pasa algo mágico
La cocina, la cerveza, los tragos, los abrazos, la música, los cuidados atentos. En Árbol, cada elemento parece estar puesto para recordarnos que hay otras formas de habitar el mundo: más lentas, más conscientes, más compartidas.
Si te toca mesa afuera, no te preocupes: las chicas te ofrecen mantitas para cubrirte y seguir disfrutando del aire fresco sin pasar frío. También hay bolsas de agua caliente. Gestos simples, cuidados que abrigan. A veces suena música en vivo; siempre están disponibles los juegos de mesa. Todo invita a quedarse, a compartir sin prisa.
El ambiente es tranquilo, chill y pet friendly. Las perras Ipa y Apa acompañan a Paz casi todos los días, son amorosas, respetuosas y sociables. "Se portan muy bien y me hacen feliz, ¿cómo privar a alguien más de eso?”, comparte, y así revela el corazón del refugio que creó.
Hay lugares a los que uno va a comer. Y hay otros donde todo conspira amorosamente para que no te quieras ir. Como si el alma de Árbol susurrara: "quedate un rato más, el mundo puede esperar".

📌 Puerto Gaboto 4854
📲 Instagram: @arbolcerveza



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