Un poeta y sibarita en el eterno septiembre

Noticias 28 de septiembre de 2022 Por M.E.G
Nacido con el nombre de Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto en 1904 en Parral en la Región del Maule en la zona central de Chile, consagrado como Pablo Neruda, tal como eligió llamarse el gran poeta chileno y muerto en un 27 de setiembre, mes la fecha Patria y mes de la caída del gobierno de Salvador Allende, Embajador de varios gobiernos y figura emblemática del gobierno de la Unidad Popular; Neruda fue un gran sibarita. Le gustaba vivir y beber bien, después califique cada uno de ustedes si les gusta o no. Vamos a verlo desde su costado más débil.
caldillo de congrio

“A menudo expresé que el mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree Dios. Él cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria”.  Leyó en un fragmento del Discurso pronunciado el día de la entrega del Premio Nobel de Literatura

La comida y la poesía un día se conocieron y se enamoraron, fue amor a primera vista, o si se quiere al primer mordisco. Y desde entonces los sabores y las palabras, fueron inseparables. Cómplice y celestino de tan suculenta unión, fue el chileno Pablo Neruda, uno de los más importantes poetas del siglo XX, premio nobel de literatura en 1971.   

“Esta sal del salero yo la vi en los salares.

Sé que no van a creerme, pero canta, canta la sal, la piel

de los salares…”

Neruda no vivía para comer, más bien vivía para escribir, pero era un eufórico entusiasta de la cocina y los vinos; todo un sibarita dispuesto a disfrutar de la gastronomía de diferentes culturas. Muestra de esto la encontramos en el exquisito libro Comiendo en Hungría, escrito a cuatro manos, o mejor aún a dos paladares, en 1965, junto con el también premio Nobel Miguel Ángel Asturias, en tiempos de plena Guerra Fría. En él describen vivencias de amigos y comensales, salpimentadas con anécdotas de las tabernas y comedores que frecuentaron en Budapest, entre manteles, fogones, letras y páprikas. Saborear sus páginas es un goloso placer. A modo de abrebocas un fragmento del poema dedicado al Foie-Gras: “Hígado de ángel eres! ¡Suavísima substancia, peso puro del goce! Sacrosanto, esplendor de la cocina.”

El poeta Neruda conoció el hambre en sus años mozos, y tal vez por esto festejaba la mesa, el buen comer y la abundancia. Pero no solo sentía pasión por saciarse de ricas viandas, sino que además la expresaba en su poesía. El Gran Mantel, Atención al Mercado, y las apetitosas e inolvidables Odas Elementales, publicadas en la década de los 50, dedicadas al pan, la sal, el maíz, la cebolla, el caldillo de congrio, el aceite, el tomate, el limón, el vino, la cuchara y hasta a las sabrosas papas fritas, son una verdadera golosina literaria. 

Su afición por la sopa y en especial su debilidad por la sopa de congrio esta en su obra literaria.

ODA AL CALDILLO DE CONGRIO

En el mar

tormentoso

de Chile

vive el rosado congrio,

gigante anguila

de nevada carne.

Y en las ollas

chilenas,

en la costa,

nació el caldillo

grávido y suculento,

provechoso.

Lleven a la cocina

el congrio desollado,

su piel manchada cede

como un guante

y al descubierto queda

entonces

el racimo del mar,

el congrio tierno

reluce

ya desnudo,

preparado

para nuestro apetito.

Ahora

recoges

ajos,

acaricia primero

ese marfil

precioso,

huele

su fragancia iracunda,

entonces

deja el ajo picado

caer con la cebolla

y el tomate

hasta que la cebolla

tenga color de oro.

Mientras tanto

se cuecen

con el vapor

los regios

camarones marinos

y cuando ya llegaron

a su punto,

cuando cuajó el sabor

en una salsa

formada por el jugo

del océano

y por el agua clara

que desprendió la luz de la cebolla,

entonces

que entre el congrio

y se sumerja en gloria,

que en la olla

se aceite,

se contraiga y se impregne.

Ya sólo es necesario

dejar en el manjar

caer la crema

como una rosa espesa,

y al fuego

lentamente

entregar el tesoro

hasta que en el caldillo

se calienten

las esencias de Chile,

y a la mesa

lleguen recién casados

los sabores

del mar y de la tierra

para que en ese plato

tú conozcas el cielo.

Gracias Pablo poeta por contagiarnos este amor por la comida y la buena vida.

M.E.G.

 

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